La charla con Crisófalo Arévalo
Con cierta obstinación me dirigí hacia quien pronto sabría que él mismo, ése al cual por mucho pretendí necio y altanero, tendría razón y dejaría en mi la eterna duda.
-El mundo no es como te lo dijeron. -rugía esa voz de antaño. Parecía que se le desgarraba la garganta por cada intento al hablar: era un tal Cristófalo Arévalo. -Esto que vives es el sueño de alguien que ya murió. Ése te ideó como él fue. Ése es al que tu llamas Dios. Prueba soñando.
Regio, brindó su discurso -memorable en cuanto a lo emotivo- y dispuso que al echarme a dormir ideara el mundo de una persona y que en él, la haga feliz. No le creí y respeto no le tuve. Por ello me di el atrevimiento de llamarlo loco.
Esa noche idee ese mundo que me había recomendado Arévalo e imaginé a una persona leyendo. El mundo resultaba un cúmulo de soledad. Una figura de un hombre escueto, estático y errante sentado sobre arena. Me distraje por un momento en el paisaje tan lóbrego. Sin embargo recurrí de vuelta, sin distracciones a la figura de esa persona que con tanto cariño había creado. La admiré con fascinación y le di amor. La moldee con todos las facultades posibles. No me hallaba completamente dormido hasta entonces pero, cuando lo hice, él -mi creación, mi obra- murió. O acaso, tan solo se desvaneció con la llegada de mi sueño verdadero. Esto sucedería si la verdad de Arévalo fueran patrañas, y sólo fue un momento de trance. ¿qué debía creerle a ese loco?
Luego de ello despierto y recuerdo las palabras de Arévalo. Tan oscuro como arrima la diáfana mañana, tan nocturno como veo el sol, pienso: quizás Arévalo era esa figura con quien soñé. Y por esas casualidades, yo era su Dios. Arévalo había sido mi obra maestra. Y en cuanto a mi, me encontraba sumido en un sueño eterno y al mismo tiempo despierto. Despierto y dormido: estar sin estar. El extraño sentimiento de desvanecerse y permanecer como en una suerte de figura transparente que merodea las entrañas de este mundo -u otro-. Seguir pensando en que ya había despertado y volver a pensar en que todo es un poco raro. Despertar durmiendo, pensar desvanecido. Fases en la que permanecí -y aún lo hago- quién sabe por cuánto .
Pienso en las conclusiones y a lo mejor he muerto o a lo mejor Mi creador ha despertado, y ha supuesto un fin para todos: este sueño que parece la vida. O solo una pesadilla.

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