miércoles, 2 de marzo de 2016

El Manual de Principiantes

● ○Begginer's Guide○ ●
Charles Edwin Jr. tenia en su haber una vida de trabajos hechos, a disposición de la paz mundial, lo cual era lógico en creer que su basta bibliografia ocuparía al menos un tercio de estante. Aquí es donde encajo yo, pues me encontraba con los redondos y transparentes prendidos a mis ojos, buscando《en quien sabe qué rincón de esa biblioteca》una obra de Charles Edwin Jr. "American Beginings, Rights and Rights".
Mi mirada seguía la linea atentamente en una linea perfecta buscando aquel libro. Sin embargo me di de bruces con un titulo un tanto escondido entre tantos, que me dejó un tanto atónito pues, mi inglés era perfecto y no creí haber leído mal:
"A Begginer's Guide to Destroy the World,  Charles Edwin Jr."
("Manual de principiantes para destruir el mundo, de Charles Edwind Jr.")
Pensé en la libertad que se habría tomado algún desgraciado, de manchar el buen nombre de Edwin Jr. Intrigado por su contenido, y listo para hechar por sentado que era una burla tal libro, en una hojeada me encontré con lo inesperado. En el desbroce de su contenido vi tanta maldad, tanta horrible maldad que haría llorar al mas fuerte. El estomago se me retorció de dolor, y mis piernas empezaron a flaquear. Mi mirada, seguia el ritmo de mi temblor, sobre estos escritos y dibujos. Me hipnotizó un pensamiento tan retorcido que no me dejó actuar. Siempre creí ser un hombre tan rápido, esta vez, no. No quiero detallar la desgracia escrita en ese libro de tapa dura y roja. Yo solo espero que nadie vea alguna vez lo que yo vi, ni tan solo aprender lo que presencié: la maldad del hombre. Hojas dedicadas a la crueldad, esquemas sobre las atrocidades que es capar de hacer la humanidad. Las nauseas se apoderaron de mi cuerpo. Solté el libro, que por cierto hizo un ruido que retumbó en todas las paredes de la biblioteca silenciosa. Corrí desesperado hacia el baño. Creo que atropellé en mi carrera a un hombre y tan pronto como terminé mi asunto en el baño, volví a aquel recoveco de estantes donde habia dejado ese maldito libro. ¡Maldito Edwin Jr! ¡Maldito seas quien quiera que hayas escrito eso!
Llegué y no lo encontré. Pues no estaba en el suelo donde lo habia dejado caer, ni tampoco estaba en el estante. Escribo porque no sé que pasará de aqui en adelante, pero quien tenga esas hojas, sabe algo que es mejor no conocer: la maldad.

martes, 1 de marzo de 2016

La Muerte Ocultada

La Muerte Ocultada


Había algo en Daniel Aristóbulos que sobresalía sobre el común del gentío de un pueblo perdido en el Chaco, su mirada. Penetrante como ninguna, esto hacia resaltar su condición. Pues claro como se sabía Aristóbulos no tenía que hacer otra cosa más que anotar en su pequeña agenda un sinfín de cosas que le sucedían, antes de pernotar.  Pues en otrora Aristóbulo era un hombre esbelto, de una altura rescatable entre la densidad: un oblongo. Vestía crudo, siempre con pantalones un tanto deteriorados por sus andanzas pero, pues si debemos hablar de su afán por el caminar, diremos que en eso era algo que hacía con cierta recurrencia, tanto que luego le costaría esta historia.
Si de una certeza debemos hablar es que el gran Aristóbulos tenía una condición que no le impedía durante el día ser quien fue en la anterioridad , pero que hoy le impedía recordar el ayer. Su amnesia temporal le impedía luego de una noche de sueño, recordar el día que ya había vivido. Solo algo lo podía salvar de pasar malos momentos, y eso era su pequeña agenda, puesto que ese infausto accidente en el ’56 le había quitado su memoria.  Tendría  que narrar su día para que en la mañana, consultara en ella cómo había sido su dia anterior. Magnífico era ver como se desenvolvía en la desventura aquel hombre de tan solo una treintena de años, que antes de aquel accidente, ya estaba lindante a sus ojos un plan de vida que constaba de casarse y tener hijos con una dama que lo merezca. No fue hasta el primero de Marzo del '61, que llevaría una vida casi como el hubiera que fuera, pues a pesar de entender su situación, salia de su dificultad airoso.


“29 DE ENERO: Mañana asistir al festín de Juan Aristóbulos & Sra. Llevar flores para su esposa calle de las Independecias 25, 22hs. (…)”


Cuando ya había repasado en su pequeña agenda paso a paso lo que haría esa noche, se dirigió pues al agasajo del matrimonio de su hermano. En el camino, una decisión cambio el rumbo de su ya tan tajeada vida,  detenerse en aquella florería de la calle paralela a su destino, donde vivía la señora Rocenda. Cuando vio lo que vio no hizo más que replegarse. En ese momento regía el susto  por ver a la señora Rocenda yacía en el piso muerta por un hombre el cual Aristóbulo no vio con claridad.

 El miedo hizo que durante calles Aristobulo corriera seguido por los pasos apurados de un hombre oscuro. Aristóbulos cayó en a tan solo metros. Su físico presentaba cierto cansacio y raspones por la caída de la intensa carrera, mas el inextricable episodio que acababa de presenciar. Es cierto que la noche fue perfecta para ese hombre oscuro, que a pasos se acercaba al caído y maltrecho Aristóbulos. El hombre oscuro nunca se saco su sombrero, y mantenía una figura que daba temor por no ser presenciable su rostro. Un sobretodo y una bufanda, protegían del frío a aquel hombre que habíaa dado con su victima –doña Rocenda- hacia momentos, y que inesperado fue la presencia de Aristóbulos.  No dilaceró momentos, fue breve, y riguroso.


 «Sé quien eres Aristóbulos, y sé qué es lo que te sucede. Me atreveré a decir que he de tomarme la libertad de librarte de tu agenda, solo para que creas que fue solo una pesadilla que habrás creído tener»


Tan rápido como lo dijo, el hombre metió la mano en el bolsillo de un confundido y silenciado Aristóbulos, que no puedo ni siquiera mascullar por la sequedad de su garganta. Miraba aturdido y atónito a este hombre que le robó su agenda, para luego en una hoja limpia y blanca escribir: «FUI YO».
Un solo golpe en la cabeza de Aristóbulos bastó para noquearlo, y dejarlo desmayado en medio de la calle.

La mañana diáfana, lo encontraria tendido confundido y con hinchazón en su rostro, pues algo había sucedido la noche anterior que el no recordaba. Rápido recurrio a su agenda y se encontraó una nota que lo asustó. Más fue su susto, cuando se entero que habían asesinado a doña Rocenda.

Arístobulo creyó ser el asesino, y pensó que lo mejor fue romper esa hoja, y esperar a que pase otro día. Ahora se centraría en mentirse a sí mismo, para olvidar que es asesino.


Pero esa ya es otra historia.












jueves, 27 de agosto de 2015

¿Qué vas a hacer?

"Imagina el mundo al revés: Tú al revés. El reverso es contrario a un sentido original. Siente cómo lo fútil se vuelve algo que ha de servir. Analiza cada pizca de amor que hayas perdido en este último tiempo, encuéntrala y abalánzate sobre ella. Cuando menos te des cuenta un sentido habrás encontrado, porque es allí donde el universo tiene dos polos: uno bueno y uno que no, el que te resulte benévolo, a lo mejor te determine a futuro. No desperdicies espacio, menos tampoco tiempo. Haz lo que te plazca en cuanto puedas, porque de destinos es lo que menos sabemos, y cuando sueñes, trata de hacerlo despierto, allí surgirá el sentido que sientes que has perdido. Ahora, ¿ves que haya sentido completo en lo que digo?"

Abrí los ojos, porque el susto empujó mis párpados. Sonreí, porque no existía miedo alguno. Caminé hacía un espejo, porque quería reflejarme. Miré y me dije:

-Ahí tienes a tu díscolo universo, diciéndote que hagas algo, ¡que respondas a ser!

Tardé en fabricar la idea, pues en el desbroce de ellas, costaba por lo pronto que me había despertado de aquel sueño. Todavía me encontraba un poco dormido y entre situación en situación creo que volví a dormirme. Apoye mi cabeza sobre la almohada que parecía un trozo de nube. Los cerré. Esta vez el "wallpaper" en mi cabeza se volvió de un color añil, y sé que sería irreconocible ante un ojo que no separa reconocer entre magenta y rojo. Fomenté mi vida aquí, bajo estas bolillas blancas cerradas, me gusta esta verdad mas que allá afuera. En mi cobija de inconsciente, nunca hay trepidación. Es cómodo. Su efigie podría ser émula al cielo. A lo mejor me gusta vivir aquí.. me quedaría, pero mañana debo volver a la realidad. Pero por ahora me distraigo volviendo a soñar.. soñar y desear. Despertar-volver a soñar..pero ¿qué sueño? Allí está la decisión, y debo de darme de bruces con ella, pase lo que pase, porque a decir verdad, todavía estoy en ascuas.




"¿Qué elijes, un sueño para la realidad, la verdadera vida..o un sueño solo para tu cabeza?"

lunes, 16 de junio de 2014

Mi charla con Cristófalo Arévalo.

La charla con Crisófalo Arévalo

Con cierta obstinación me dirigí hacia quien pronto sabría que él mismo, ése al cual por mucho pretendí necio y altanero, tendría razón y dejaría en mi la eterna duda.

-El mundo no es como te lo dijeron. -rugía esa voz de antaño. Parecía que se le  desgarraba la garganta por cada intento al hablar: era un tal Cristófalo Arévalo. -Esto que vives es el sueño de alguien que ya murió. Ése te ideó como él fue. Ése es al que tu llamas Dios. Prueba soñando.

Regio, brindó su discurso -memorable en cuanto a lo emotivo- y dispuso que al echarme a dormir ideara el mundo de una persona y que en él, la haga feliz. No le creí y respeto no le tuve. Por ello me di el atrevimiento de llamarlo loco.
Esa noche idee ese mundo que me había recomendado Arévalo e imaginé a una persona leyendo. El mundo resultaba un cúmulo de soledad. Una figura de un hombre escueto, estático y errante sentado sobre arena. Me distraje por un momento en el paisaje tan lóbrego. Sin embargo recurrí de vuelta, sin distracciones a la figura de esa persona que con tanto cariño había creado. La admiré con fascinación y le di amor. La moldee con todos las facultades posibles. No me hallaba completamente dormido hasta entonces pero, cuando lo hice, él -mi creación, mi obra- murió. O acaso, tan solo se desvaneció con la llegada de mi sueño verdadero. Esto sucedería si la verdad de Arévalo fueran patrañas, y sólo fue un momento de trance. ¿qué debía creerle a ese loco?
Luego de ello despierto y recuerdo las palabras de Arévalo. Tan oscuro como arrima la diáfana mañana, tan nocturno como veo el sol, pienso: quizás Arévalo era esa figura con quien soñé. Y por esas casualidades, yo era su Dios. Arévalo había sido mi obra maestra. Y en cuanto a mi, me encontraba sumido en un sueño eterno y al mismo tiempo despierto. Despierto y dormido: estar sin estar. El extraño sentimiento de desvanecerse y permanecer como en una suerte de figura transparente que merodea las entrañas de este mundo -u otro-. Seguir pensando en que ya había despertado y volver a pensar en que todo es un poco raro. Despertar durmiendo, pensar desvanecido. Fases en la que permanecí -y aún lo hago- quién sabe por cuánto .
Pienso en las conclusiones y a lo mejor he muerto o a lo mejor Mi creador ha despertado, y ha supuesto un fin para todos: este sueño que parece la vida. O solo una pesadilla.











La Historia de Mendez y sus amigos

La Historia de Mendez y sus amigos


Transcurría el año 1997 y los semblantes parecían dar un resumen de lo que fue ese año: interminable. Salustiano Mendez, quien de su trabajo arduo no reponía, sentía que sus brazos apenas ejercían la fuerza suficiente para poder levantarse de su cama. Su desaliento y lasitud hacían juego con su forma de vestir tanto así como de día y como en sus sueños. En ellos vestía zaparrastroso -agujeros en sus zapatos, su clásica bufanda con matices rojos desgarrados- y siempre llevaba una hoja de charadas y acertijos. Si fuera por el -lo sé, porque lo sé, escaparía por la puerta de adelante.
Y en verdad lo sé porque soy casi su compadre, uno de esos compadres que apenas bien me adelanto hacia su hall de casa, un abrazo me llega como impávido, bravo, intrépido. Pero no es lo que busca ésta vez. No sólo no corre hacía la puerta para poder escapar de donde está, síno que fija como meta colocar uno de esos discos de vinilo que con tan poco cuidado lleva en una mochila (que recién percato que la lleva) además de su hojita con las charadas, y su bufanda roja desgarrada, y un sólo zapato..con otro pie descalzo. Coloca ese disco sobre una mesa alta, si me encontrara yo ahí, donde está mi amigo, mi compadre, mi hermano Mendez, por momentos lo miraría desde abajo, por debajo de esa mesa que ya sería un techo, mi nueva casa, mi hogar. Pero no estoy, él sí, ahí está. Quizás pensaba en reproducirlo, pero ¿quién lo oiría?
 Al menos, en esta vez -sólo esta- se encontraba sólo. Y así, de solo estar la música empieza. Con esa lacónica tonada nostálgica, de sólo pensarlo, me hace recordar a... sí, ese tango, Oblivion de Piazzolla. Conozco las partituras, y esas vibraciones. Un tango tan exquisito, que no me daba por sabido que mi hermano Méndez lo conocía. Le veo una lágrima sobre su mejilla izquierda, y tan insaciable, ansioso siempre indiferente al futuro, Méndez ojea ese papel, arrugado, marcado por la transpiración de sus manos, dividido el papel -ya gris- como si fuera una camisa a cuadros. Lee sus letras finas escritas en mayúsculas en voz alta:

 --"¿Quién te lee Compadre Salustiano?"

 Tu primer reflejo amigo compadre: susto. Hiciste temblar mi mundo. Yo sólo observaba, no lo palpaba, lo oía, no lo sentía, ¡más todavía! Pensaba y sabía lo que el: lo que vos compadre. Lo que ibas a hacer, quién eras. Se me hizo suficiente el hecho de entenderte pero aquí mi mundo se cae, y sí yo caigo, vos venís conmigo, a lo mejor te caes vos, y me derrumbo. Quién te lee compadre, amigo, hermano. A lo mejor un vos es yo. A lo mejor es tu sueño. Y por ahí soy tu cansancio hermano amigo. Tus huesos te deben una calma, tus nervios un receso, tu cabeza una pausa. Yo te leo, te veo. Sé de tu soledad. Siempre pienso que tu mente amigo -¿la mía?- es un papel arrugado con preguntas.  Soy tu sueño, soy tu soledad. Me conozco. Soy vos despertando: te dormiste. Me dormí. Desperté.