martes, 1 de marzo de 2016

La Muerte Ocultada

La Muerte Ocultada


Había algo en Daniel Aristóbulos que sobresalía sobre el común del gentío de un pueblo perdido en el Chaco, su mirada. Penetrante como ninguna, esto hacia resaltar su condición. Pues claro como se sabía Aristóbulos no tenía que hacer otra cosa más que anotar en su pequeña agenda un sinfín de cosas que le sucedían, antes de pernotar.  Pues en otrora Aristóbulo era un hombre esbelto, de una altura rescatable entre la densidad: un oblongo. Vestía crudo, siempre con pantalones un tanto deteriorados por sus andanzas pero, pues si debemos hablar de su afán por el caminar, diremos que en eso era algo que hacía con cierta recurrencia, tanto que luego le costaría esta historia.
Si de una certeza debemos hablar es que el gran Aristóbulos tenía una condición que no le impedía durante el día ser quien fue en la anterioridad , pero que hoy le impedía recordar el ayer. Su amnesia temporal le impedía luego de una noche de sueño, recordar el día que ya había vivido. Solo algo lo podía salvar de pasar malos momentos, y eso era su pequeña agenda, puesto que ese infausto accidente en el ’56 le había quitado su memoria.  Tendría  que narrar su día para que en la mañana, consultara en ella cómo había sido su dia anterior. Magnífico era ver como se desenvolvía en la desventura aquel hombre de tan solo una treintena de años, que antes de aquel accidente, ya estaba lindante a sus ojos un plan de vida que constaba de casarse y tener hijos con una dama que lo merezca. No fue hasta el primero de Marzo del '61, que llevaría una vida casi como el hubiera que fuera, pues a pesar de entender su situación, salia de su dificultad airoso.


“29 DE ENERO: Mañana asistir al festín de Juan Aristóbulos & Sra. Llevar flores para su esposa calle de las Independecias 25, 22hs. (…)”


Cuando ya había repasado en su pequeña agenda paso a paso lo que haría esa noche, se dirigió pues al agasajo del matrimonio de su hermano. En el camino, una decisión cambio el rumbo de su ya tan tajeada vida,  detenerse en aquella florería de la calle paralela a su destino, donde vivía la señora Rocenda. Cuando vio lo que vio no hizo más que replegarse. En ese momento regía el susto  por ver a la señora Rocenda yacía en el piso muerta por un hombre el cual Aristóbulo no vio con claridad.

 El miedo hizo que durante calles Aristobulo corriera seguido por los pasos apurados de un hombre oscuro. Aristóbulos cayó en a tan solo metros. Su físico presentaba cierto cansacio y raspones por la caída de la intensa carrera, mas el inextricable episodio que acababa de presenciar. Es cierto que la noche fue perfecta para ese hombre oscuro, que a pasos se acercaba al caído y maltrecho Aristóbulos. El hombre oscuro nunca se saco su sombrero, y mantenía una figura que daba temor por no ser presenciable su rostro. Un sobretodo y una bufanda, protegían del frío a aquel hombre que habíaa dado con su victima –doña Rocenda- hacia momentos, y que inesperado fue la presencia de Aristóbulos.  No dilaceró momentos, fue breve, y riguroso.


 «Sé quien eres Aristóbulos, y sé qué es lo que te sucede. Me atreveré a decir que he de tomarme la libertad de librarte de tu agenda, solo para que creas que fue solo una pesadilla que habrás creído tener»


Tan rápido como lo dijo, el hombre metió la mano en el bolsillo de un confundido y silenciado Aristóbulos, que no puedo ni siquiera mascullar por la sequedad de su garganta. Miraba aturdido y atónito a este hombre que le robó su agenda, para luego en una hoja limpia y blanca escribir: «FUI YO».
Un solo golpe en la cabeza de Aristóbulos bastó para noquearlo, y dejarlo desmayado en medio de la calle.

La mañana diáfana, lo encontraria tendido confundido y con hinchazón en su rostro, pues algo había sucedido la noche anterior que el no recordaba. Rápido recurrio a su agenda y se encontraó una nota que lo asustó. Más fue su susto, cuando se entero que habían asesinado a doña Rocenda.

Arístobulo creyó ser el asesino, y pensó que lo mejor fue romper esa hoja, y esperar a que pase otro día. Ahora se centraría en mentirse a sí mismo, para olvidar que es asesino.


Pero esa ya es otra historia.












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