● ○Begginer's Guide○ ●
Charles Edwin Jr. tenia en su haber una vida de trabajos hechos, a disposición de la paz mundial, lo cual era lógico en creer que su basta bibliografia ocuparía al menos un tercio de estante. Aquí es donde encajo yo, pues me encontraba con los redondos y transparentes prendidos a mis ojos, buscando《en quien sabe qué rincón de esa biblioteca》una obra de Charles Edwin Jr. "American Beginings, Rights and Rights".
Mi mirada seguía la linea atentamente en una linea perfecta buscando aquel libro. Sin embargo me di de bruces con un titulo un tanto escondido entre tantos, que me dejó un tanto atónito pues, mi inglés era perfecto y no creí haber leído mal:
Mi mirada seguía la linea atentamente en una linea perfecta buscando aquel libro. Sin embargo me di de bruces con un titulo un tanto escondido entre tantos, que me dejó un tanto atónito pues, mi inglés era perfecto y no creí haber leído mal:
"A Begginer's Guide to Destroy the World, Charles Edwin Jr."
("Manual de principiantes para destruir el mundo, de Charles Edwind Jr.")
Pensé en la libertad que se habría tomado algún desgraciado, de manchar el buen nombre de Edwin Jr. Intrigado por su contenido, y listo para hechar por sentado que era una burla tal libro, en una hojeada me encontré con lo inesperado. En el desbroce de su contenido vi tanta maldad, tanta horrible maldad que haría llorar al mas fuerte. El estomago se me retorció de dolor, y mis piernas empezaron a flaquear. Mi mirada, seguia el ritmo de mi temblor, sobre estos escritos y dibujos. Me hipnotizó un pensamiento tan retorcido que no me dejó actuar. Siempre creí ser un hombre tan rápido, esta vez, no. No quiero detallar la desgracia escrita en ese libro de tapa dura y roja. Yo solo espero que nadie vea alguna vez lo que yo vi, ni tan solo aprender lo que presencié: la maldad del hombre. Hojas dedicadas a la crueldad, esquemas sobre las atrocidades que es capar de hacer la humanidad. Las nauseas se apoderaron de mi cuerpo. Solté el libro, que por cierto hizo un ruido que retumbó en todas las paredes de la biblioteca silenciosa. Corrí desesperado hacia el baño. Creo que atropellé en mi carrera a un hombre y tan pronto como terminé mi asunto en el baño, volví a aquel recoveco de estantes donde habia dejado ese maldito libro. ¡Maldito Edwin Jr! ¡Maldito seas quien quiera que hayas escrito eso!
Llegué y no lo encontré. Pues no estaba en el suelo donde lo habia dejado caer, ni tampoco estaba en el estante. Escribo porque no sé que pasará de aqui en adelante, pero quien tenga esas hojas, sabe algo que es mejor no conocer: la maldad.
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